|Seis poemas de Valentina Nicanoff|

Fotografía de Lukasz Wierzbowski



1
tus venas rellenas de incienso
explotan en mi frente, dejando cráteres
yo me inmiscuyo en cada agujero
tiro de la polea que sostiene mi corazón
siempre en vaivén, atormentado
mareado, vomitando ilusiones

¿es el amor esta grieta,
estos seres con destornillador
desclavando los rieles
de mis vértebras?

me consume la demora
de nunca saberlo.



2
de repente se me fruncen los pulmones
el aire se agolpa contra las costillas,
cada vez más resecas

un breve tropiezo
y todo acaba
el llanto más acotado
me vuelve huracán

y no entendés:

en vos hay bosques, floridas lavandas
en mí hay arenas movedizas
tragando monstruos.



3
¿será esta pared donde se estrelló mi rostro
lo más lejos que puedo llegar?

hoy posa un cuervo de plumas raídas en mi garganta

hoy espero ese cristal que se rompe en mi nombre

cuando no lo pronunciás.



4
la piel se vuelve escama de tanto bucear en la profundidad
el sol irradia un halo de brillo sobre mi cuerpo

y ahora soy vidrio partido
estoy rota entre epilépticas vocales
y no puedo conjugar la noche

bruta de dolor exhalo nieblas

son furiosos los días que se arquean
para ver lo que ya no está

el techo de mi habitación se abre
y veo, estampados
a mis enmarañados pensamientos
como hojas selváticas
chorreando sudor

sólo me despierto cuando esas gotas
caen sobre mi frente
y pienso que sos vos

podría abrir la ventana y mirar
aunque sea autos, pasando
a través de la noche en un largo túnel
hacia la nada

la nada, ese orangután hambriento
su mandíbula, la jaula que apresa mi vida

y vos del otro lado, observándome
contando la cantidad de pelos que me salieron
los piojos que saltan de maraña en maraña
burlándose de mi insoportable quietud
de mi condenada afonía

un día partiré al medio mi cabeza
me lloraré en filosos hachazos
fundaré una ciudad en cada costado:
de un lado todo lo que me diste
del otro, lo que te llevaste

y en el medio este gran precipicio
por el que me voy yendo

pero no importa, puedo vivir entre cuevas
puedo tallar los días sobre piedras
puedo camuflarme como loba
y puedo aullar tu nombre mejor que nadie.



5
no sé en qué día estoy

y en el living
la hilera de retratos
con las fotos de las familias
que formó mi familia
mientras yo le ato las trompas
a la vida

no sé en qué día estoy

mido en penas
mido en lágrimas

la cronología del dolor
la sabrá un cementerio
antes que yo



6
Lo más difícil de escribir una carta de despedida 
es que una lo que en realidad desea 
es que el destinatario haya desaparecido.


escucho el murmullo de mis pies bailando tap clandestino
en el recreo de la escuela
la cara, fija, mira el paredón de fusilamiento
el castigo fue contar la cantidad de ladrillos
en una pared de madera

todavía estoy ahí,
en busca de lo indivisible

el resto de mi cuerpo
se volvió globo, aerostático
sobrevolando por encima
de la casa del padre

el globo no tenía timón
y cayó
fui hematoma de sueños
luego chichón
ahora, apenas, moretón

pero lo púrpura no se me apaga

se apaga el fuego
azuzado con ramillas
caídas del árbol
desde donde me miran
cuerpos

un gorrión, quizás
que aún no rompió cáscara
me mira, igual, y es por eso que decide
no romper cáscara

¿seré el emblema del por qué no
nacer, la mujer paralítica
con pies como estacas
en el patio de la escuela?

¿la mutilada que no duerme
porque si se acaba el día
mañana vuelve
a empezar la vida?

¿la frustración, el ejemplo de lo que no
hay que hacer,
el porqué de no respirar?

cruzo las piernas
invento mantras

el aire contenido es rebelión
de oxígeno conspirando
contra mí

(es verdad, nunca le pregunté al aire
si lo podía respirar)

adentro, la selva que fui
es un campo
de concentración
una fotografía
un documental
sobre animales extintos
¿arrancarme el lenguaje
o en su defecto el cráneo,
abrirlo, volverlo paraguas
porque me llueve el seso?

pero si me fumigó el campo la rutina
el seso seco, yuyo desprolijo
la boca el cantero:

una fuente vacía

los ojos imploran
que los extirpe, que los aplaste
uno contra otro
uno en cada mano
que la colisión de mi mirada
sea un nuevo big bang
un nuevo comienzo

me pienso primer plano
descontextualizada

hormiga que de cerca es tigre bengala
paloma cansada de rogar
por una miga de pan

la jaula de mis propios huesos

la serpiente enroscada en el esófago
el topo confesando
que el subsuelo de mis venas
es inhóspito

la niña que llora
porque la tierra también
es un lugar inhóspito

¿más paliza y menos clonazepan,
habrá pensado, el maestro?

cuando sea vieja no tendrá nietos
y nadie, nadie
heredará su recuerdo

ahora soy animal doméstico
que se aburre de la vida
el instinto que no sabe qué hacer:
el deseo desorientado, desterrado

ser salvaje, hoy

es permanecer acostada