Aunque nada en realidad esté tan estrictamente cronometrado, la historia de mi vida –escrita por mí… ¿por quién, sino?- empieza así: a la edad de 7 años descubrí el Judo, y durante la siguiente década, el Judo, y solo eso, conformaba mis días enteros. Llegué a integrar la selección argentina, competí a nivel panamericano y ansiaba el momento de terminar la secundaria para estudiar Educación Física y dedicarme al deporte. Es así que terminé el colegio y largué el deporte, es decir, largué mi vida.
Me encontré sin
paraderos, sin referentes, un vacío completo y el futuro, que no vislumbraba,
por delante. Como todo era oscuro, solo podía estar en mi habitación, y como la
penumbra de la lámpara me resultó demasiado monótona, decidí despuntar
chispitas, lucecitas, adentro de un cuaderno negro con mi lapicera Bic negra
(sí, claro, todo era negro). No sabía que eso que seguiría haciendo hasta el
día de hoy era poesía. No sabía, en verdad, que existía la poesía. Por aquel
entonces, para mí la biblioteca era solo un mueble. En mi casa, sobre ese
mueble, apenas había un par de enciclopedias y otro par de diccionarios.
Una tarde, que tan
feliz me encontraba googleando la palabra “suicidio”, leí “Virginia Woolf” y
fui hasta una librería. Compré “Las olas” y mi existencia cambió radicalmente,
para siempre: yo no era la única que sufría. Y era posible hacer algo al respecto.
Me mudé a Buenos Aires, conocí a Karina Macció, leí su libro “La pérdida o la
perdida” y, de nuevo, mi vida cambió. A partir de ese entonces, me aferré con
todo lo que tenía a la poesía. Formé parte de sus talleres durante cinco años,
y ella, Karina, me hizo entender que podría dedicarme a esto que hago. En este
sentido, también influyó muchísimo la presencia de Fernanda Restivo, mi psicoanalista;
ir a sesión con ella es leer, es escribir. Se me abrió un universo espléndido,
junto a Kafka, Pizarnik, Olga Orozco, Sarah Kane, Marosa Di Giorgio, Oliverio,
Susana Thénon, Cioran, Nietzsche, Cortázar, Sábato, Camus… Y, cuando me quise
dar cuenta, ya no practicaba deporte pero seguía trabajando mi cuerpo en cada
palabra.
Para mí la poesía es eso: cuerpo. Es
volver tangible el aire. Es mirar el fondo con la lengua afuera, como un animal
sediento. Es llenar un vacío
inconmensurable con música, es dar oxígeno a la herida abierta con metáfora. A
la hora de escribir, yo lo que siento es vértigo. La angustia de saberme a punto de caer -la hoja no es plana, es un pozo
hondísimo hacia el cual me lanzo con la esperanza de descubrir algo-.
La curiosidad por
la muerte, tema que me acompaña, creo,
desde que aprendí a hablar, me llevó a escribir mis dos primeros libros. El
primero, Amapola (Colección valijita),
fue escrito de trasnoche en el living de mi madre, con la compañía del tabaco
mientras escuchaba grunge -porque se adecuaba con el desgaste de mi voz, creo-.
Amapola surgió de una urgencia mía de
materializar las sensaciones de muerte para que fueran aun más reales que la
vida. Buscaba poder traer la muerte a mi vida. Vivir la muerte, pero
activamente. Los poemas que integran Amapola
son breves. Estaba apurada. Lo escribí rápido. Se publicó en 2010, y en
2012, mientras trabajaba en mi siguiente libro, salió la segunda edición. El Nudo (Botella al Mar) ya contenía relatos. Había empezado a,
como se dice, tomarle el gustito a la vida, y ya no desfallecía en cada punto,
en cada corte de verso. Tuve que publicarlo para dejar de trabajarlo.
Luego, me enamoré.
La muerte, como concepto, comenzó a resultarme aburrida. Nacieron mis primeros
poemas de amor –bueno, no sé… ¡Qué difícil es escribir el amor cuando lo estás
sintiendo! El discurso amoroso es horizontal, me enseñó Barthes, mientras me
preguntaba por qué no podía ir más allá de un “te amo”- Esta serie, Eclipse vulvar, fue seleccionada en un
concurso de El Mar de al Lado y publicada en una antología de poesía
contemporánea, Apología 2 (Letras del
Sur).
![]() |
| Lukasz Wierzbowski |
Ahora juego al teatro. Mi primera obra, Psicopompo, una adaptación libre de poemas de Alejandra Pizarnik y extractos de 4.48 Psicosis de Sarah Kane, estrena este año (2015), bajo mi dirección.
¿Rituales de
escritura? No soy una mujer “disciplinada”. Sí una completa exagerada. Puedo
estar un mes sin escribir un verso y de repente amanecer y estar cuatro meses
produciendo todo el tiempo. A veces, hasta el punto de salir a la calle y por
instantes dudar de si lo que estoy viviendo ocurre en el mundo “real” o en el
mundito que estoy escribiendo.
No todo puede existir físicamente en la
vida, o en el papel. Y el momento que más sufro es el de “sacrificar” cosas en
pos de esa “economía”. Yo acopio, investigo música compulsivamente, escucho
discos y discos, leo, desordenadamente, miro muchas pelis –me fascinan las
viejas, lo anacrónico me da una sensación de respiración en paz: en ésa época
yo aún no existía-.
Escribo para escaparme del hastío de la
vida cotidiana. Para esconderme detrás de lo que descubro –que solo me es de
utilidad a mí- en cada palabra. No sé si la literatura puede salvar al mundo.
Sí que puede rescatar de la catástrofe a algunas almas, como hizo Virginia Woolf conmigo. En mi caso, la
poesía hizo que no me matara. El teatro, que me dieran ganas de vivir.
*
“
Valentina Nicanoff nació el 16 de Febrero de 1989 en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa. Ha publicado los libros de poemas Amapola (Colección Valijita), El Nudo (Botella al Mar). Su serie de poemas Me pregunto dónde estoy, fue premiada en la Tercera Convocatoria de Ediciones Presente. Y su serie Eclipse Vulvar fue seleccionada en un concurso de El Mar de al Lado y publicada en la antología de poesía contemporánea, Apología 2 (Letras del Sur Editora). Su obra teatral Piscopompo estrenó en Lima, Perú en Febrero de 2015. Y en Agosto de este mismo año, estrena en Buenos Aires, bajo su dirección. También es asistente de dirección de la obra Jettatore!..., que estrena en Octubre de 2015 en el Teatro Nacional Cervantes, bajo la dirección de Víctor Cano Ayerra.
Valentina Nicanoff nació el 16 de Febrero de 1989 en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa. Ha publicado los libros de poemas Amapola (Colección Valijita), El Nudo (Botella al Mar). Su serie de poemas Me pregunto dónde estoy, fue premiada en la Tercera Convocatoria de Ediciones Presente. Y su serie Eclipse Vulvar fue seleccionada en un concurso de El Mar de al Lado y publicada en la antología de poesía contemporánea, Apología 2 (Letras del Sur Editora). Su obra teatral Piscopompo estrenó en Lima, Perú en Febrero de 2015. Y en Agosto de este mismo año, estrena en Buenos Aires, bajo su dirección. También es asistente de dirección de la obra Jettatore!..., que estrena en Octubre de 2015 en el Teatro Nacional Cervantes, bajo la dirección de Víctor Cano Ayerra.
”

