Oriette D'Angelo


Venezuela, 1990.



No sé que fue lo que escribí cuando comencé a escribir, pero sé que utilicé un bolígrafo verde. Tenía 11 años. Comencé escribiendo diarios, utilizaba agendas viejas y remarcaba las fechas para colocar la del día en el que estaba escribiendo. Comencé a escribir porque quería morirme, todo el tiempo, así que escribir era mi forma de contarlo. Sí, quería morirme y la única que me escuchaba era mi pequeña agenda colorida. No recuerdo exáctamente qué escribí la primera vez que escribí, pero sí recuerdo haber utilizado un bolígrafo verde. Vivía en Lechería, frente al mar, así que había mucha calma a mi alrededor. La guerra era interna, y sentía ganas de contar esa guerra todo el tiempo, quería guardarle registro. No era poesía, era sólo escritura, sin ninguna forma. La poesía llegó después, a eso de mis 13 años en el 2003. Supe lo que era un poema luego de leer el blog de la escritora mexicana Leticia Cortés, de quien soy amiga desde la fecha que la conseguí. Mi primer acercamiento con la literatura vino a través de pantallas, así que leerla a ella fue algo que cambió mi vida. Su blog era oscuro y tenía una ilustración inmensa de un ángel azul. En ese momento, estaba de moda colocarle música a tu blog, así que en el de ella sonaba Everything de Lifehouse. Ella también estaba triste, así que nos acompañamos en la poesía y en la tristeza. Ella de 23, yo de 13, y la misma tristeza.


Mis primeras lecturas representaban mis obsesiones: los crímenes, los fantasmas y el terror. La muerte y lo inexplicable, en resumen. Cuando tenía 10 años, mi libro de cabecera era Vuelven los fantasmas de Mercedes Franco. Luego conocí la literatura de Daniel Defoe, Edgar Allan Poe y Ernesto Sábato. Me obsesioné con El Túnel, así que mis primeros poemas estaban impregnados de todo ese terror y caos que me gustaba leer. Otra de mis obsesiones era el Anticristo de Nietzsche, así que mis tormentos religiosos también formaban parte de mi poesía. Eran poemas muy malos, claro, pero intentaban recrear todas las imágenes de lo que estaba leyendo. Lo digital también estaba muy presente, leía muchos blogs y trataba de crear espacios para conectarme con otros. Gracias a esos espacios conocí la poesía de Octavio Paz, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik, Charles Bukowski, Marosa di Giorgio, Chantal Maillard, Arthur Rimbaud, Antonin Artaud, Gottbried Benn, todos ellos escritores fundamentales para mí y mi trabajo. Además, páginas como Letralia eran mi referencia a la hora de descubrir y leer poesía venezolana. Gracias a ella leí poemas de Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Miyó Vestrini y Yolanda Pantin.
Durante mi adolescencia, escribir era eso, mi manera de calmar una guerra que no supe cuándo comenzó.

Más adelante tuve la oportunidad de estudiar Literatura en el colegio. Una de las cosas que más agradezco fue haber podido estudiarla con una profesora que también cambió mi manera de ver el mundo. Su nombre es Oceanía Reyes. Ella no sólo sabía cómo leer los clásicos, sino también cómo motivar a los jóvenes para que nos gustara leerlos. Era una mujer brillante y sus exámenes tenían el nivel de alguien que estudiaba en la universidad. Así que todo el que pasaba por su curso salía con un buen conocimiento de la Odisea, El Quijote y la obra poética de Ruben Darío. Ella conocía mi amor por la literatura, así que siempre intercambiábamos textos de Sor Juana Inés de la Cruz y de Octavio Paz. Gracias a ella supe que era feliz leyendo y escribiendo, y que eso estaba bien. Una de mis mejores amigas, Paola Soto, también era mi compañera en todo este proceso. Intercambiábamos cuadernos a mitad de las clases y cada una escribía poemas en el cuaderno de la otra. Ella sigue siendo una de las personas más importantes de mi vida y seguimos compartiendo, hasta el día de hoy, compartiendo poesía. Cambiamos los cuadernos por blogs.

En cuanto a mis procesos de escritura, siempre escribo poesía en la computadora. No me gusta escribir a mano. Soy muy visual y mi cerebro ya parece estar configurado a la tipografía. Me gusta el sonido de las teclas. Suelo comenzar poemarios o proyectos de escritura en un archivo word, así que mis poemas sueltos tienden a estar relacionados entre sí porque intento que sigan el mismo patrón de lo que estoy trabajando en el momento. Actualmente tengo dos poemarios inéditos, así que todos los poemas que estoy escribiendo guardan relación con cada uno de ellos. Mi primer libro (Cardiopatías, Monte Ávila Editores), próximo a publicarse, lo escribí de esa forma y es algo que me ha funcionado y me ha ayudado a crear los universos que quiero compartir. Antes de escribir tengo que escuchar mucha música, pero hago mucho zapping con lo que escucho. Nunca sé lo que estoy buscando hasta que lo consigo. Luego de encontrar esa canción, comienzo a escribir. (Ahora escucho esto: https://youtu.be/pXRviuL6vMY). También veo ilustraciones de artistas que me interesan y comienzo a releer lo que lleve escrito del libro que esté trabajando. Reviso un archivo con citas y extractos de lecturas. Luego de hacer todo eso, puedo comenzar a escribir. Paso mucho tiempo sin revisar los archivos que trabajo, puedo darles una semana o dos. Me gustar dejar respirar al poema. Para mí, un poema está terminado cuando tiene imágenes contundentes y el final se corresponde con esa contundencia. Me gusta lo visual, lo contundente, lo que deja un mensaje, así que eso es lo que busco con mi poesía, al menos ahora.


digo.palabra.txt, plataforma creada y dirigida por Oriette para compartir poesía contemporánea.



Por otro lado, me encanta lo que está sucediendo en la actualidad con la poesía joven. Gracias al Internet he logrado conocer a muchas personas que están interesadas en los mismos temas que yo, pero que, contrario a lo que puede pensarse de la era digital, escriben con mucho despojo y naturalidad. Hace unos días y gracias al blog que administro, tuve la oportunidad de leer a un poeta argentino llamado Juan Miguel Idiazabal cuya poesía me impactó. Me gustó su manera de escribir sobre temas de política actual. Además, al leer su biografía, noté que la mayoría de sus trabajos estaban publicados en Internet. Es decir, esta pantalla nos abre las puertas a un mundo infinitito donde podemos leer lo que queramos, y hay tanto material que, a mí parecer, es una ventana que nos permite reconocer muchos tipos de escritura. De alguna forma, sabemos lo que estamos buscando y hay lectores para todo. Somos lectores constantes y la poesía es uno de esos géneros que se está imponiendo en el mundo digital cada vez más. Una foto con un verso, una imagen, un poema acompañado de una ilustración, una captura de pantalla, una foto del poema que estamos leyendo. Todo es un catalizador de lectura. Ese bombardeo es capaz de despertar nuestra curiosidad, y eso me encanta. Existen proyectos fabulosos como Poesía Sub-25, Círculo de Poesía, Poetas del fin del mundo, Otro páramo y un sin fin de portales digitales cargados de poesía joven y que podría pasar todo el día nombrando. Si bien es una época difícil en cuanto a publicaciones en formato físico, es una época maravillosa para el mundo de la difusión literaria. No tenemos que ser escritores de renombre para leernos o conocernos, nos leemos sin esa etiqueta, nos leemos porque nos gusta lo que encontramos en la web y luego nos buscamos para conversar y compartir. Hay algo muy puro en ese proceso.


Fotografía de Vikram Kushwah


Escribir es mi forma de entender el mundo. Lo observo y lo sintetizo gracias a la escritura. La poesía es una forma de ordenar el caos. Gracias a la poesía conocí a mi esposo, la persona más importante de mi vida. Gracias a ella he hecho amigos, he viajado y he leído mi trabajo en lugares importantes de mi país. Escribir poesía es mi manera de comunicarme con el mundo, de expresar lo que soy, de llenar lo que se agota con el paso del tiempo. Es una forma de tocar los temas que me conmueven y me componen. Como dice David Meza: la poesía siempre será cruzar la calle con los ojos cerrados. Aquí estoy y eso es lo que seguiré haciendo el resto de mi vida: cruzar la calle con los ojos cerrados.





Oriette D’Angelo (Caracas, 1990). Estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Editora y fundadora de la plataforma literaria www.digopalabratxt.com. Obtuvo una mención en el Concurso Literario Nacional e Internacional “Palabras sin fronteras”, edición 2013, de Bruma Ediciones, Argentina. Con su libro Cardiopatías ganó el Premio de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, mención Poesía, 2014 (por publicarse). En 2015 obtuvo el segundo lugar en el I Concurso de Crónicas de la Fundación Seguros Caracas, Venezuela y en 2016 el tercer lugar en el Concurso Iberoamericano de Poesía "Letras de libertad" de Un Mundo Sin Mordaza. Sus poemas aparecen en diversas antologías publicadas en Venezuela, Argentina, México y Ecuador. Maneja el blog personal http://www.oriettedangelo.com. Actualmente reside en Chicago, Illinois.